My own destination

La otra familia

Quizá sea la gripe hablando, o el domigo gris que hay de la ventana para afuera. La cosa es que lo que tengo para decir hoy es un poco más cursi que lo de costumbre. Hoy voy a hablar de esa otra familia. A medida que nos vamos moviendo por el mundo, vamos encontrando gente que todos los días un poquito, se va quedando en nosotros. Y así un día, nos damos cuenta de que esa gente con la que estamos tomando un te y reflexionando acerca de que tan jovial es esta actividad, está con nosotros desde que todo tomó su rumbo. Tal vez no lo asumamos, o no sea tan visible, pero crecimos juntos, y nos hicimos crecer entre nosotros. Estando en el último año de mi carrera, debo admitir que cada tanto, tengo unas mini-crisis internas con todo eso de “ya no voy a ser una estudiante/tengo que volverme un adulto responsable/y si no resulta como creo?”. Creo que en parte, en gran parte esos momentos de reflexión tienen que ver también con querer saber dónde van a estar ellos cuando todas mis preguntas se conviertan en situaciones con las que deba lidiar.   No caben dudas. Puedo estar insegura acerca de mil cosas, pero ellos son la cosa más cierta y real que me pasó en mucho tiempo. Poder ser infantes, ancianos y adolescentes revolucionados cada vez que nos reunimos, es algo inmenso. Porque tenemos problemas, y los resolvemos entre todos. Porque cada uno es padre, hijo y compañero del otro. No cambiaría eso por nada. Casada, soltera, en una misión de paz… ellos siempre van a ser mi cable a tierra. Pasaron los años, y yo sigo mirando a la mesa y veo la caja de esmaltes de uñas, las servilletas destrozadas o con dibujos y el mismo video de “We are young” sonando una y otra vez en la computadora. Ellos son mi otra familia. Ellos son el amor de mi vida.

Si, fui muy cursi. Pero yo avisé.

No nací para los espacios abiertos.

Mañana de viernes. Con mis amigos planeamos una noche de cena, tragos, música y fiesta para nosotros. Todo muy lindo, todo muy lindo. El simple hecho de que hoy comience mi fin de semana me pone de muy buen humor. Y la gente de la calle se empeña en tratar de ponerme de mal humor. Bueno, lo lograron. Para la tarde ya estará solucionado, pero ahora tengo tanta rabia adentro que podría morder un perro y contagiársela. En fin, empecemos con la compra del super. Entro escuchando música, agarro un carrito y empiezo a recorrer las gondolas porque no hice lista. Uvas, algunas verduras para mi tarta, galletitas de salvado, shampoo… Llego a la casa imaginando como sería ese video de Nicki Minaj si yo lo protagonizara. Para ser las 10 menos algo de la mañana, hay bastante gente en el super. Me pongo en la cola de la caja con menos gente, y empiezan los problemas. Adelante mio, una señora aparentemente inocente. Hay líquido en el piso, y reviso la botella de gaseosa para comprobar que la pérdida no viene de ahí. Otra señora dice “es el pollo de la señora”. Para evitar que siga el reguero del jugo de menudos le digo con voz solidaria 

-Sra., le gotea el pollo

-Uy, gracias querida, me va a mojar el pan…

Seguido de esto, saca el pollo del carrito y lo pone en posicion estratégica para que gotee sobre mi bota. Mi bota que es de gamuza.

-Sra me mojo la bota

-Bueno (risita) nos levantamos odiosas hoy…

Te voy a reventar el paquete de mayonesa en el escote gorda, vamos a ver quien es odiosa. Seguido de esto, sigo escuchando musica y me saco un auricular para no estar sorda ante cualquier otro dialogo que surja. Como si alguien me pide permiso o algo. Al pedo me lo saqué, la gente que me encontré en el super no pide permiso. Sigo esperando cuando de repente, un cincuentón con un carrito industrial, de los más anchos, me choca las piernas animósamente. Volteo, y adentro de su tanque de guerra para las compras, UNA caja de leche. Lo miro (ya con cara de culo) esperando una disculpa y todo lo que obtengo es un seco “corrrete o alcanzame uno de esos chocolatines”. Lo miro fijo, y en mi mente ya le estoy haciendo una paralítica o una de esas patadas de película de ciencia ficción. Debería haber salido con mi sable láser en la cartera.

Después de dejar las compras en casa, voy al centro a comprar algunos adminículos para la fiesta de esta noche (maquillaje más precisamente). Voy cruzando una de las calles. Tres personas de mi lado, y un señor “grandote” tirando a roca maciza en la vereda del frente. El semáforo se pone en rojo, voy cruzando y aunque parezca poco común, el gordito cara de esperma desorientado ni siquiera atina a esquivarme. Reconozco que yo tampoco tuve demasiada reaccion pero para cuando tuve el instinto de hacerme a un lado, hundí mi cara en sus tetas de señor mientras el me pisó. La misma bota chorreada con pollo. ”Upa”, vocifera mientras todo se sucede en cámara lenta en mi mente.  Siempre pensé que en algún mundo paralelo, donde mis pechos sean turgentes, algún día jugaría a la Coca Sarli y dejaría a alguien apapacharse en mi escote. De ahí a enterrar la cara en los senos de un gordo hay un abismo de diferencias, y de sensaciones ni te cuento.

A esta altura yo ya había dejado los videos mentales y había encendido la modalidad Counter Strike. Entro al bendito local, ya concientizada de que si alguien mas me invadía bruscamente el espacio vital, iba a empezar a correr entre las gondolas con los brazos abiertos tirando todo a mi paso al grito de “Buiaaaaaaaaaaa”. Pero tuve una compra feliz. Hasta la caja. Atrás mío, 2 mujeres hablan lo suficientemente fuerte como para traspasar el volumen extremadamente alto de mis auriculares. Llego a la cajera y con cara poco amable me dice “Flaca, deja pasar a la madre”. El duo poco dinámico de atrás se sonrie en forma cómplice y me pasan con su canasto lleno de pelotudeces. Yo tengo una brocha y un potecito de pintura. Sin ánimos de… no, si tengo muchos ánimos de ofenderlas, se aprovecharon de la situación y terminaron de enojar mi mañana. Tengo suficientes amigas madres, madrinas y tías como para distinguir un embarazo. Y a menos que eso fueran mellizos prendidos de los riñones, eso era panza de pollo frito, no una mujer encinta.

Lo reconozco, por vivir en el centro esos lugares de paseo para mi son lugar de paso y cuando voy, es para ir a un lugar determinado a buscar algo específico. Si a mi poco amor a las muchedumbres le sumamos los nenitos que te llevas puestos, las rechonchitas que fingen preñez, los señores con tetas, las maduras con pollos en vias de descongelarse… sale Lula de casa y vuelve algo parecido al Duende verde, pero sin aerodeslizador y con más ganas de romper cosas.

Cuestiones sobre cómo ser una mujer femenina…

Esta este chico. Y de repente ni èl ni yo estamos demasiado interesados en vernos, pero es verano y los que no estan de vacaciones ya tienen sus propias relaciones asi que digamos que de acuerdo mutuo nos hacemos compañía mientras tanto… No duró mucho, como ya dije no había demasiado interés y las cosas tienden a perder encanto cuando uno las mira en detalle. Respecto a eso, sólo voy a decir que con tanto amor propio, el no necesitaba de una segunda persona para estar en una relación. PERO! Cuál fue su razón al momento de explicar que se acabó lo que se daba. Redoble por favor… mi pelo! Mi extremadamente corto y resucitado pelo. WTF?! Como puede ser eso una razón? Ok si, puede ser que la gente tenga sus preferencias pero A) no voy a dejar de cortarme el pelo para estar con alguien (al menos no para estar con el) y B) Si el no puede tolerar mi pelo corto, el problema sigue sin ser mio o_O

Con todo esto, me quede pensando. Aún cuando hoy por hoy todo esta tan igualitario que ya es dificil hablar de un manual de conductas. Pero hay gente que sigue pensando “las nenas tienen que llevar el pelo largo”, “no queda bien que las nenas bailen entre ellas”, y todas esas cosas que hacen las buenas señoritas. Bueno, no quiero dejarme el pelo largo: nunca lo pude peinar como quiero, me da calor y parece mucho menos. Eso no me hace un guerrillero sanguinario ni lo hace más gay a él. Si puede que no sea una princesa de Disney pero, Blancanieves no tenía el pelo tan largo como el resto y ahí está! Inmortalizada con su carré para las generaciones venideras. 

Lo que quiero decir es que no veo la diferencia entre usar polleras, zapatos de hebilla con medias de encaje y el pelo recogido o ponerme ojotas y usar el pelo corto. Es decir, si, claramente hay una diferencia. Pero la diferencia son CENTÍMETROS DE PELO! No es que me fui siendo una dama y volvi siendo Mr. T (buscadores de parecido, abstenerse)

En mi defensa, el chico en cuestión era bastante goma. Y si yo tenía el pelo demasiado corto, él estaba demasiado lejos de la cantidad correcta de neuronas…

       

elizavetafox:

Whitney Houston & Michael Jackson

elizavetafox:

Whitney Houston & Michael Jackson

(via mchalesarfati)

Agatha Ruiz de la Prada